C´est la vie! A propósito de la pérdida de un ser querido

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Se vuelve necesario aprender a lidiar con la muerte. Esta nos agarra desprevenidos y sin piedad nos quita lo que siempre creímos nuestro. Resulta que nunca fue nuestro.

Cada quien se aferra a lo que tiene para superar una pérdida, aunque hay quien dice que uno nunca lo supera, sino que se aprende a vivir con eso. Cada quien filosofa como puede, tratando de darle sentido a algo que no lo tiene mientras el dolor esté presente. Sólo con la resignación asimilamos el aprendizaje que nos deja la muerte de un ser querido. Rosas-negras-de-luto

De cualquier manera, palabras van, palabras vienen, ahora eso no parece importar. Se nos va un pedazo de nuestra alma con aquel que se va, y el tamaño de ese pedazo es inversamente proporcional a la edad de quien se fue, porque no se supone que lo haga tan joven. Mientras que con el anciano nos queda una sensación de que así debe ser la vida y su propósito en este mundo fue realizado.

Siempre pienso en la muerte, porque la he vivido un poco desde temprano en mi vida, y me resulta curioso el ver como cada persona reacciona de diferentes maneras ante esta situación. Pienso que parte de nuestro dolor radica en que somos muy aferrados; a la tierra, a lo material, a las personas. Nos queda esa sensación de vacío y de abandono.

Nos duele lo que pudo haber sido y no fue, las palabras nunca dichas, las llamadas nunca hechas, las visitas no ejecutadas. Nos duele el arrepentimiento de lo que no se hizo, pero también lo que se hizo y no debió ser.

Nos reconforta un poco los recuerdos, las risas compartidas, los vinos tomados, los banquetes comidos, los chistes buenos y malos, el tiempo en familia. Nos alivia las enseñanzas, el legado y la trascendencia de una vida de provecho, no exenta de problemas, como la vida de todo el mundo.

Sigo pensando que tenemos que aprender a lidiar con la muerte. Por más dura que sea hay que salir adelante, porque la vida no se detiene a esperarnos, si no estamos atentos nos pasa por encima como una aplanadora. Porque la vida continúa y siempre habrá motivos por los que seguir adelante.

He visto gente tener la valentía y el coraje de levantarse casi de inmediato ante el arrebato traumático y violento de su primogénito, mientras otros se echan a morir por el abuelo que llegó casi hasta al siglo de vida.

¿Pero qué se yo sobre eso? ¿Quién soy yo para decirle a nadie como afrontar su dolor?

Solo estoy aquí compartiendo una pequeña reflexión en base a lo que he visto y lo que he vivido, de ninguna manera pretendo comparar dolores ni situaciones, simplemente porque no tiene sentido hacerlo. Ojalá amigo lector, si usted está atravesando un duelo por la pérdida de un ser querido, pueda encontrar las fuerzas necesarias para salir adelante, pero no para vivir en pena, sino para ser feliz aun en las situaciones mas adversas.

C´est la vie!

¡Hasta siempre abuelita querida! ¡Gracias por tu legado, gracias por trascender!

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